El "standuppaddlesurfing" (SUP), (en hawaiano "hoe he'e nalu"), es un deporte emergente a nivel mundial, con sabor y herencia hawaiana. Es una antigua forma de surf, que reapareció cuando los instructores de los surfers acompañaban a sus pupilos en sus sesiones entrenamiento, de pie encima de la tabla, para una mejor visión de los mismos, ayudándose de una pala.
«No hay mayor placer que flotar sobre las olas de Hookipa, Hawái»
Está en el ‘top ten’ mundial. Y, cómo no, vive en Hawái. Y sí, claro, en la mítica playa de Hookipa, la meca del viento.
A AnnaBlanch (Barcelona, 1982) le colocan las cámaras o lentes más sofisticadas del mundo en su tabla, pues sus vídeos sobre las olas hacen estragos. Es más, junto a Desigual, los trajes de neopreno Ion y su colega RobbyNaish, mito de Hawái, una de sus principales patrocinadoras son las cámaras de filmación Gropo. Y esa será, cuenta, su próxima vida: promocionar el windsurf por todo el mundo, con películas, vídeos, artículos, clases y demás promociones.–Para que se haga cargo del tipo de entrevista: nadie diría que usted acaba de ser operada de una hernia discal y, poco después, le han tenido casi que recomponer meticulosamente el oído derecho porque se estaba quedando sorda. ¿Qué tipo de deporte es este que practica donde la dejan a una para el arrastre?–No ha sido tan dramático, no ha sido tan dramático, pero la verdad es que cuando acudí al doctor por mis constantes dolores de espalda, me dijo: «Pero, ¡niña!, ¿qué deporte practicas tú que te ha dejado destrozada la columna?» Y, cuando le expliqué que hacía windsurfing, el hombre no entendió nada. Pero, sí, tiene una explicación muy sencilla y lógica.–Perdón, será sencilla, muy sencilla, pero de lógica no sé si tiene mucha.–Si quieres ganar, si quieres meterte entre las mejores, cosa que yo empiezo ya a cuestionarme porque, la verdad, estar entre las tres primeras cuesta horrores... Bueno, si quieres intentarlo, has de conseguir navegar muy veloz y, sobre todo, en mi especialidad, saltar muy alto, hacer la pirueta más rebuscada y eso significa que has de elevarte, al menos, seis o siete metros por encima de la ola. ¿Qué significa eso? Pues, sencillamente, que tu aterrizaje en el agua, la recepción, es casi casi como si la hicieras sobre puro cemento.–Y eso, claro, va castigando, machacando, maltratando, las vértebras.–Cuando te entrenas o compites o, incluso, cuando practicas con tus amigos, aunque sea solo para divertirte o, también, sí, para perfeccionar un salto, una maniobra, tienes que hacerlo a un nivel muy alto, y aunque pretendas no castigar tu cuerpo acabas maltratándolo un poco. Y eso que nosotras somos como rocas, pues has de ser muy fuerte, mucho, no solo para saltar, sino también para soportar la fuerza del viento y la intensidad del oleaje. Si usted viera las olas que se crean en la playa de Hookipa, la meca del windsurfing, y la intensidad del viento de Hawái, lo entendería todo.–Todo significa su obsesión por irse allí, por dejarlo todo, sus estudios de Ingeniería Naval, su título en Imagen y Sonido, sus amigos catalanes, sus padres, su familia... Todo.–Mire, se lo voy a contar porque, de lo contrario, corro el riesgo de que, en efecto, no entienda qué significa ser windsurfista, ni el tipo de vida que llevamos. Yo, cada mañana, esté donde esté del mundo, lo primero que hago es abrir el Skype para contactar con todos mis colegas de profesión e, inmediatamente, meterme en Windguru.com, la página del tiempo. Con esas dos pantallas sé dónde hay olas, dónde hay viento, dónde debo ir. Y si alguno de mis compañeros me dice que en Cabo Verde hay previsto el mejor viento o la mejor ola, trato de irme hacia allí. Aunque, la verdad, empieza a no haber ya ningún sitio tan ideal como Hookipa, la meca.–He entendido, aunque me parece tan salvaje como le pareció a su doctor lo de la hernia discal. Pero lo del oído, ¿cómo fue lo del oído?Pues por una razón similar. De estar tantas horas metida en el mar, volando sobre las olas, saltando, cayendo sobre el agua, sumergida –claro, no siempre logras aterrizar de pie, entera– el oído se va llenando de agua y, sobre todo, que es lo peor, de sal, y los tímpanos lo acusan. Lo acusan tanto que corres el peligro de que se te agujereen.–Pese a todo, ya veo que esta es la vida más guay que ha encontrado y, por supuesto, no piensa cambiarla.–Hay que ser valiente y, sobre todo, tener muchas agallas para competir al más alto nivel en windsurfing. Yo, la verdad, empiezo a no ser ya de las mejores, pero formar parte de esta familia me gusta, me encanta y me enorgullece. Somos nómadas, queremos vivir al aire libre, buscamos la ola soñada y, sobre todo, un mar que nos permita disfrutar de nuestro deporte favorito. Viajamos mucho en busca del lugar y la vida ideal.–¿Y no le cansa, qué dice la familia?–A los 15 años, cuando empecé a volverme loca con esto y me fui a Tarifa, papá me dejó, pero tuve que jurarle que, al regresar, haría una carrera antes de irme a Hawái. Cumplí, no pude terminar Ingeniería Naval e hice Imagen y Sonido. A partir de aquel momento, me dejó volar.–Supongo que tendrá amigos en todas las playas salvajes del mundo.–Mi última cena en Barcelona, antes de volver a Hawái, fue con un marroquí, un inglés, una canaria, un hawaiano y una japonesa. Al día siguiente, unos volvimos a Hookipa, otro a Cabo Verde, otro a Suráfrica, otro a Australia y la canaria, a su isla. Y hoy [por ayer] nos hemos comunicado por Skype, como siempre.–Hasta esa vida puede cansar, ¿no?–Aún no he encontrado mayor placer que flotar sobre las olas de Hookipa, pero, sí, ya empiezo a cambiar mi rol en el windsurf. Quiero ser más mediática y menos competitiva.
(Fuente: Emilio Pérez de Rozas; El Periódico) (Video: youtube)
Hace un par de semanas, una sucesión de olas gigantes abatieron sobre las costas del archipiélago de Hawaii. Para beneplácito de surferos y turistas, un oleaje excepcional llevó olas de más de 10 metros de altura a los míticos puntos surferos, como la playa de Waimea. Hay que remontarse a más de 40 años atrás para encontrar otra coincidencia de factores climáticos similares con la presencia de olas tan gigantescas.
“Cañones“, “quiebrahuesos“, “monstruos“o “Mamba“. Cada playa hawaiana tiene su apelativo para estas legendarias olas que se presentan muy de tanto en tanto, cuando el Pacífico despliega toda su fuerza.
Una gran tormenta comenzó a desplegarse el sábado 5, a unos 1000 kilómetros al norte de Hawaii con un centro de baja presión de 942 mb, vientos de 55-65 nudos y olas de 15 metros en alta mar. El frente que se dirigía desde entonces hacia las islas se extendía por unos 1.200 kilómetros de ancho. Impresionante.
Algo similar ocurrió en diciembre de 1990, pero hay que remontarse a diciembre de 1969 para encontrar una situación verdaderamente comparable. Uno de las grandes figuras del surf mundial, GregNoll, corrió la que puede ser la ola más grande jamás surfeada, el 4 de diciembre de 1969 en Mahaka, Hawaii.
Por lo pronto, otro de los “míticos” corredores de grandes olas (una especialidad dentro del surf), TomCarroll, ya ha sido víctima de esta gran tormenta y ha sido hospitalizado con su pierna izquierda quebrada.
Condiciones excepcionales se han registrado también en todo el arco del Pacífico, desde Australia, California e Isla de Pascua, puntos surferos de privilegio.
Las imagenes corresponden al año 2008.
(Extracto del post de María Victoria Rodríguez, en el blog 'Diario del Viajero')